Subasta Bidspirit | MANERA DE DIEGO VALENTÍN DÍAZ
MANERA DE DIEGO VALENTÍN DÍAZ (Valladolid, 1586-1660) - Monumental Cristo vestido como Jesuita junto al Venerable Jesuita Luis de la Puente y Sor Marina de Escobar - Óleo sobre lienzo. Medidas: 240 x 190 cm. Escuela española del siglo XVII - Óleo sobre lienzo - Este gran lienzo representa a Cristo vestido como sacerdote jesuita, de pie, en el centro de la composición, rodeado por ángeles y acompañado a los lados por Luis de la Puente y Marina de Escobar, en actitud de oración. Cristo aparece con el hábito gris propio de la Compañía de Jesús, sin adornos, en una postura frontal y serena. La luz dorada que emana de su figura lo envuelve por completo, dándole una presencia firme y sagrada. No hay dramatismo: la imagen está pensada para invitar a la contemplación y la devoción, resaltando su papel como sumo sacerdote y mediador. En la parte superior, varios grupos de ángeles y querubines flotan entre nubes, algunos cantando, otros mirando en silencio. A ambos lados, dos arcángeles de cuerpo entero, con túnicas verdes y rojas, completan la escena adorando a Cristo con las manos cruzadas. El tratamiento de los rostros, los pliegues de las vestiduras y el equilibrio de la composición muestran la mano de un pintor experto, vinculado con seguridad al estilo de Diego Valentín Díaz. En la zona inferior aparecen, arrodillados, el jesuita Luis de la Puente (a la izquierda), con su cayado, y la monja Marina de Escobar (a la derecha), vestida con hábito negro y toca blanca. Ambos fueron figuras clave de la espiritualidad vallisoletana del siglo XVII, y su presencia en la pintura remite directamente a las visiones místicas de Marina, que describían a Cristo tal y como aquí se representa: como un hombre de 33 años, coronado por ángeles y vestido de sacerdote. A los pies de Cristo, una cartela recoge un versículo del Salmo 63: “PROTECTOR NOSTER ASPICE DEUS ET RESPICE IN FACIEM CHRISTI”, (“Oh Dios, nuestro protector, mira el rostro de tu Ungido”), subrayando la función intercesora de Cristo como figura central de la fe. Este modelo iconográfico tuvo gran difusión en Castilla y en los territorios de misión jesuita en América. Fue repetido con variantes por Diego Valentín Díaz y su taller, y esta versión —por su calidad, escala y ejecución— puede situarse con seguridad en torno a 1650, en plena madurez del pintor.