Subasta Bidspirit | Atribuido a Baltasar Vargas de
Atribuido a Baltasar Vargas de Figueroa (Santafé de Bogotá, Colombia, 1629 - 1667) - ”Cristo Redentor”. Óleo sobre tela. Reentelado. 178 x 103 cm. Esta obra parte del grabado ”Vera Effigies D. N. Iesv Christi” de Karl Stengel (1581 - 1663) a Augsburgo, 1656. (PESSCA 1219A, https://colonialart.org/artworks/1219A). Nuestra obra es comparable al Cristo Redentor que se conserva en el Monasterio de Santa Clara, en Tunja, Colombia, como podemos comprobar en el característico trabajo de las nubes o los profundos y paralelos pliegues de la túnica de Cristo. También encontramos similitudes, especialmente en el modelo utilizado para la figura de Cristo, en la pintura atribuida a Vargas de Figueroa “Aparición de santo Domingo de Guzmán a Santa Teresa” que se conserva en la Sala del Consejo de la Rectoría de la Universidad de los Andes, y que procedía probablemente, del Convento dominico de Nuestra Señora del Rosario en Bogotá. Así mismo, nuestra obra refleja una importante característica de Vargas de Figueroa, como era su menor capacidad para pintar las manos, que como se ve, están algo más toscamente acabadas, mientras la cara, como era habitual esta´delicada y cuidadosamente realizada. Vargas de Figueroa, hijo y nieto de artistas. Su abuelo fue Baltasar de Figueroa, “El viejo” (S.XVI-XVII), quien fundó una dinastía de artistas en Santafé, montó un taller en el que se formó su hijo Gaspar (1594-1658), quien posteriormente fue Maestro de su hijo, el pintor que nos ocupa, Baltasar Vargas de Figueroa (1629-1667). Ambos fueron posteriormente maestros de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos y posteriormente Gregorio Carballo de la Parra. Santafé se convertirá en un importante foco de artistas criollos, al lado del taller de los Figueroa, se establece el taller de los hermanos Acero de la Cruz, del pintor Juan Francisco de Ochoa, de los Fernández de Heredia y el taller de los Vásquez. Todos ellos, al servicio de la Iglesia y de difundir la evangelización, prolongando la temática y las formas españolas. A este propósito leemos al historiador Francisco Gil Tovar: “ Se trata de una actividad provincial española, con ligeros matices propios como pudiera tenerlos el arte de las provincias de la península. Refleja, por tanto, influencias italianas y flamencas, que eran entonces las más pensantes sobre la pintura y la escultura que se hacía en los talleres españoles. ... Este arte era entonces, y lo seguirá siendo mucho después, el de mayor prestigio y el único aceptable por las gentes de más alto nivel en la Iglesia y la Sociedad. Poder imitar a famosos pintores españoles como Zurbarán, Murillo o Morales “El Divino” o a grandes escultores, como Martínez, Montañez, o Alonso Cano: reflejar de algún modo la dulzura clásica de los grandes renacentistas italianos como Rafael Sanzio, Corregio y los seguidores de Leonardo da Vinci, tratar de alcanzar el naturalismo de Tiziano o de los más notables flamencos: repetir las habilidades y las gracias de los manienstas, repartidos por Europa, constituía el ideal supremo de los pintores y escultores españoles en América o de los criollos quienes procuraron esforzadamente asimilar mezclándolo, el lenguaje y las soluciones técnicas del Renacimiento y del Barroco”. (Tovar, 1987, p.86-87) Artista de gran éxito, recibió multitud de encargos, por ejemplo los veinte cuadros que se compromete a hacer para la capilla mayor del Convento de la Concepción en 1658, encargo que no pudo completar. La temática de su obra, como era habitual, fue de carácter religioso, pero recibió algunos encargos de retratos civiles o de eclesiásticos. Estacan entre estos últimos, los retratos de fray Cristóbal de Torres, Francisco Fernández de Acuña, caballero de Santiago y el de una dama, que sería la donante, todos ellos rodeando a la Virgen de los Corazones del templo de Las Aguas de Bogotá. Una de las últimas atribuciones de su obra es La Piedad de Santa Clara. Procedencia: Colección nobiliaria, Sanlúcar de Barrameda.